Las Corridas son Arte y Cultura. ¡Falso!
En 1980, la UNESCO, máxima autoridad mundial en materia de cultura, ha emitido su dictamen al respecto: "La tauromaquia es el malhadado y venal arte de torturar y matar animales en público y según unas reglas. Traumatiza a los niños y los adultos sensibles. Agrava el estado de los neurópatas atraidos por estos espectáculos. Desnaturaliza la relación entre el hombre y el animal. En ello, constituye un desafío mayor a la moral, la educación la ciencia y la cultura."
La cultura es todo aquello que contribuye a volver al ser humano más sensible, más inteligente y más civilizado. La crueldad que humilla y destruye por el dolor jamás se podrá considerar cultura. Precisamente por ello, los toreros y sus cuadrillas suelen provenir de las capas más desfavorecidas de la población donde la incultura es mayoritaria. La cultura de la crueldad cono la cultura del dinero no tienen nada que ver con La Cultura.
El Toro no Sufre. ¡Falso!
Si un insecto se posa en un toro, éste lo espanta inmediatamente demostrando así la extremada sensibilidad de su piel.
La pica o puya acaba en una punta de acero de unos 14 cm de largo que debe penetrar sólo 3 centímetros a la altura de la cruz. En la práctica, los picadores aumentan la penetración que puede llegar hasta 9 cm, llegando a perforar el pulmón, lo cual provoca una hemorragia que limita la capacidad del toro.
Las banderillas son arpones de 6 cm a 8 cm que se clavan, de 4 a 6 cerca o dentro de las heridas del puyazo.
Estos harpones tienen la facultad de actuar como palanca a cada movimiento del toro oradando y desgarrando todos los músculos del cuello.
Cuando un torero se "arrima" no es por amor al arte -constituye incluso un error- sino que pretende enganchar las banderillas para acentuar el efecto palanca y aumentar la hemorragia iniciada por el picador.
Los pases de muleta tienen como única finalidad marear y agotar al toro hasta que baje la cabeza lo suficiente para poder matarle. Se mata al toro clavándole una espada entre las vertebras del cuello para llegar al corazón y fulminarle. Esto no ocurre prácticamente nunca.
El toro malherido en un pulmón, una arteria o el corazón, agoniza gimiendo lastimosamente y vomitando sangre. Debe ser rematado con la puntilla, un puñal corto destinado a seccionar la medula espinal, lo cuál, supuestamente, acaba con el sufrimiento del animal.
Esto tampoco ocurre así y el toro queda paralizado pero consciente durante todo el proceso de arrastre y posterior despiece.
Varios veterinarios, entre ellos un titular de la Plaza de las Ventas y de Colmenar Viejo, han denunciado que además de las lesiones múltiples recibidas durante la faena o de la conocida práctica del afeitado, el toro padece secretas manipulaciones previas destinadas a envalentonar a los mansos (aguarrás en las pezuñas, alfileres en los genitales) o debilitar a los bravos (purgas con sulfato de sosa, sulfato de paralizante en los ojos y algodón en la garganta).
Finalmente, diversas autopsias y análisis veterinarios practicados en toros después de lidia demuestran que más del 48% de ellos sufrían enfermedades como Tuberculosis, Nefritis múltiples, Echinococosis de hígado e intestinos, Pleuroneumonías, Pleuresias y Peritonitis, entre otras.
Muchas Familias Honradas viven de Las Corridas. ¡Falso!
Después del reparto millonario entre ganaderos, empresarios y toreros, los demás trabajadores malviven con sueldos míseros que no incluyen cobertura social. En 1993, este gremio reportaba 16.000 empleados, pero la Seguridad Social sólo registraba 3.000. (Datos de España)
De los toros sólo vive bien una minoría.
¿Por qué debemos soportarlo? Respetemos la vida de estos nobles animales.



Se ha considerado frecuentemente que el origen de la Plaza, Redondel o Coso, como queramos denominarlo, se encuentra en el circo romano. Sin embargo parece aún más cierto que se remonta a épocas mucho más antiguas, ya que los templos celtibéricos, donde se celebraban sacrificios de reses bravas en honor de sus dioses tenían esta forma. Podemos aún visitar los restos de un templo de estas características en la provincia de Soria, cerca de Numancia, donde existen evidencias de la celebración de estos ritos.
Las corridas de toros como hoy las conocemos nacen en el siglo XVIII, cuando la nobleza abandona el toreo a caballo y la plebe comienza a hacerlo a pie, demostrando su valor y destreza. Así se lee en crónicas de la época como un deporte elitista se convierte en plebeyo. Al principio no existían tercios, orden ni reglas en las cuadrillas. Es Francisco Romero el primer diestro que pone orden a la fiesta y el creador de la muleta tal y como hoy la conocemos.

